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agente esencial en el desarrollo

Como hemos visto a lo largo de estas páginas, pese a la igualdad de derechos que se contempla formalmente en las legislaciones nacionales de los países del Magreb, sus logros evidentes en distintos ámbitos de la actividad humana y sus aportaciones a la familia y la sociedad, el hecho es que todavía hoy, muchas mujeres se enfrentan a una realidad que les impide desarrollar y utilizar sus capacidades en igualdad de condiciones respecto de los hombres.

Así, en la vida pública los factores culturales, legales, sociales, económicos y políticos impiden a las mujeres disfrutar de una igualdad de acceso a la educación, la sanidad, las oportunidades laborales y los derechos de ciudadanía y representación. Del mismo modo, en la vida privada, los modelos tradicionales de educación y las leyes discriminatorias de familia y de estatuto personal perpetúan la desigualdad y su subordinación al hombre. En resumen, nos encontramos con que la mitad del potencial humano de los países del Magreb es a menudo reprimido o ignorado, con las fatales consecuencias que esto tiene para el desarrollo económico, social, político y cultural de la región.

Para promover este desarrollo en el Magreb es indispensable favorecer la promoción de las mujeres, yendo más allá de un mero cambio simbólico que permita a una minoría selecta de mujeres alcanzar posiciones de liderazgo en las instituciones públicas. Debe traducirse, más bien, en proporcionar a las niñas y mujeres magrebíes plenas oportunidades para adquirir las capacidades fundamentales que les permitan llevar una vida digna, sobre todo en lo que respecta a la salud, la adquisición de conocimientos y la participación en actividades fuera del seno familiar en la misma medida que los niños y los hombres.

De forma complementaria es necesario que en paralelo se produzca y se refuerce en estas sociedades un movimiento social amplio y eficaz de lucha desde la sociedad civil, implicando a hombres y mujeres en una reforma social que permita a las mujeres contribuir al desarrollo económico y social de sus países desde la equidad, y al mismo tiempo recoger los frutos de ese cambio, que contribuiría no sólo a la promoción de la mujer sino de la región en su conjunto.

Bajo esta realidad, la cooperación internacional puede jugar un papel muy importante en el desarrollo de las mujeres en el Magreb. Para ello es imprescindible contar con la experiencia de las asociaciones de mujeres locales, que son quienes verdaderamente conocen las realidades de sus países y articulan propuestas y demandas de solución.

Como hemos visto, el trabajo que han venido realizando estas organizaciones de mujeres se ha centrado en ámbitos como la educación en valores igualitarios, la formación para aumentar la participación femenina en la esfera política y económica, o la defensa de derechos de la mujer. Así, muchas de estas organizaciones, incluso las que no articulan una propuesta feminista tal y como se entiende desde Occidente, han venido realizando una importante labor de promoción de las mujeres, proporcionándoles acceso a la educación, salud, desarrollo económico y humano.

Por las experiencias vividas en otras zonas del planeta, hoy resulta indiscutible que invertir en el desarrollo de las mujeres tiene un efecto dinamizador sobre el resto de la población. Así pues, la cooperación internacional tiene la oportunidad de ser un actor clave en el desarrollo de las mujeres magrebíes, apoyando y reforzando los procesos que ellas mismas han iniciado. En otras palabras, potenciar la participación y el desarrollo de las mujeres pone las bases para unas sociedades más prósperas, libres y democráticas.


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