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feminismos magrebíes

En el Magreb, la primera generación de asociaciones de mujeres (a finales del S. XIX), estaba formada por mujeres aristócratas o pertenecientes a las familias gobernantes, centradas en el trabajo benéfico. Posteriormente, ya durante el período colonial, el desarrollo social y la promoción de la mujer permanecieron subordinados a la lucha a favor de la independencia nacional.

A partir de mediados de los 70, factores como el incremento de la educación entre las mujeres, el acceso de determinado número de mujeres a puestos de mando en los partidos políticos y gobiernos, el desarrollo de una conciencia de la situación en la que vivían las mujeres y el incremento de la empatía social hacia estos temas, ocasionaron transformaciones en los movimientos feministas, que empiezan a ser promovidos desde los Gobiernos y partidos políticos. Ya en los 80 surgen además nuevas organizaciones de mujeres, independientes de las organizaciones políticas oficiales, que salvan valerosamente los obstáculos que les imponían los regímenes gobernantes y centran el debate en las nuevas leyes de estatus personal, en las formas de la violencia contra las mujeres y en la demanda de de leyes que garantizaran la igualdad de hombres y mujeres en la esfera política y económica.

En paralelo, comienza el auge de los movimientos islamistas, que demandaban la vuelta de las mujeres al espacio familiar, y la subordinación al esposo.

En los años noventa, el poder y los recursos de los movimientos feministas no bastaban para incidir sobre la intrincada situación sociopolítica del momento, en la que la difusión del concepto de “empoderamiento” de la mujer es considerado por parte de algunas fuerzas sociopolíticas magrebíes como algo impuesto por Occidente, y por lo tanto ajeno a la realidad y a las necesidades de unas sociedades basadas en el arraigado papel de la familia como pilar básico de la sociedad. Todavía hoy, parte de estos movimientos de tendencias reaccionarias se basan en esta argumentación para oponerse a los planes de desarrollo que adoptan una perspectiva de género, así como a los gobiernos y organizaciones feministas que trabajan en línea con dicha perspectiva.

Hoy, frente a la manipulación de las referencias al Islam para justificar las restricciones para las mujeres en las legislaciones de los países del Magreb, conviven varios tipos de actitudes entre las propias organizaciones de mujeres magrebíes: por una parte, están quienes aceptan basar los Códigos de Familia en la Sharia, y quienes promueven una reinterpretación original y progresista del Islam que permita codificar el concepto de igualdad entre mujeres y hombres. En una línea diametralmente opuesta se inscriben quienes abogan por la secularización del Estado, del Derecho y del ámbito público de la vida, reivindicando la elaboración de un estatuto digno de la mujer en el marco de referentes musulmanes que aseguren su especificidad.

En resumen, en el marco de la diversidad de las propuestas, probablemente el principal logro de los movimientos feministas magrebíes es haber conseguido que un mayor número de mujeres se conciencien sobre la inferioridad del estatus del que gozan respecto de los hombres y de la necesidad de hacer algo al respecto. Las formas de hacerlo y los objetivos de sus reivindicaciones son tan variadas y plurales como sus sociedades. Los resultados, paso a paso, se irán dejando notar.


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