Las luchas y reivindicaciones de los movimientos de mujeres vienen determinados por la realidad que a éstas les toca vivir en la época y lugar determinados en que se inscriben. Así, en sociedades en donde todavía no se ha alcanzado la equidad en cuestiones como el estatuto personal, el acceso a la educación, al mercado laboral, a la participación en la vida pública, etc., resulta consecuente que no se prioricen reivindicaciones del tipo de las que se dan en áreas y países occidentales (equidad salarial, cobertura social a la maternidad, etc.).
En este sentido, en el Magreb han sido relativamente pocas las organizaciones dedicadas a defender los derechos de las mujeres que se han dedicado a perseguir una mayor presencia y poder de la mujer como objetivo colectivo y deber de la sociedad en su conjunto, en la línea de lo que en occidente es considerado como “feminismo”. En cambio, una parte de estas organizaciones se han centrado en promover la igualdad de derechos para las mujeres y el fin de la discriminación implícita en las legislaciones, tanto las que se refieren a cuestiones de estatus personal como a garantías sociales. Otras organizaciones en cambio, han emprendido actividades benéficas a favor del desarrollo, concediendo créditos y proyectos destinados a generar ingresos para las mujeres o bien proporcionando servicios en sectores como la sanidad y la educación.
En este contexto, el fenómeno presenta en Túnez la peculiaridad de que al haber sido el Estado el sujeto promotor de los cambios progresistas en las leyes de familia, éste ha monopolizado el discurso del movimiento feminista, mostrando una tendencia a convertir la promoción de la mujer en una herramienta política para mejorar la imagen que se tiene del país en el extranjero.










